Cuando todo el mundo se cae, te extraño, te extraño tanto,eres mi constante; lo único que me permite seguir teniendo esperanza.
Te extraño, te extraño tanto, ya no creo que seas quien recuerdo, pero te extraño, te extraño tanto
Me encanta saber que estás haciendo lo que prometiste, ojalá yo estuviera tan cerca de nuestras promesas.Te extraño, te extraño tanto
El mar siempre entre nosotros, te extraño, te extraño tanto.
Lo peor son los celos hacia alguien, que en paralelo a mí, te espera en la orilla, dispuesta a navegar.
Hoy siento celos justo cuando no debería, está claro que yo siempre estaré extrañándote y amándote en la orilla, dispuesta a navegar o volar.
Dispuesta, en la orilla de este maldito mar que se niega a reunirnos, que se empeña en llevar y traer olas donde no estamos.
En la orilla, de una alberca, hacia esa orilla corrimos tomados de la mano y saltamos como quienes aman en eterno presente.
En la orilla, de una fuente, nos despedimos, me diste un libro. En la orilla, de nuestros labios se quedó el Te Amo.
En las orillas del mar que nos separa crecemos. En mi orilla, espero.
De la orilla de mi corazón a su centro, te extraño, te extraño tanto.
De mi orilla a tu orilla, te extraño, te extraño tanto. Bendito mar que nos separa, de no existir, estaría besándote y no haciendo poesía.
Te extraño, te extraño tanto.
viernes, 23 de noviembre de 2012
miércoles, 21 de noviembre de 2007
DE LO QUE UNO SE ENTERA

Entre que los chinos quieren patentar el nopal como producto de oriente, la huelga de los escritores para cine y televisión de Estados Unidos de América y mi surf ocasional por la red, pues llegué a un texto de Fabrizio Mejía Madrid de cuando estuvo en Colombia en lo de 39 escritores menores de 39, por supuesto es excelente, léanlo en: http://www.piedepagina.com/numero12/html/fabrizio_mejia_madrid.html
Aquí fragmentos:
"Decidí no volver a presentar mis libros para ahorrarme la escena en que llevan a mi abuela arrastrando los pies con un tanque de oxígeno. O a las tías sobreactuadas coqueteando con alguien que creen que es un novelista y resulta que es el que conecta el sonido. O a mis padres conmovidos diciendo, sin entender nada, con el libro entre las manos: “Uhm, qué bien”. Si son los libros de uno, la presentación se asemeja peligrosamente a una intervención quirúrgica...
...Tratándose de los libros de otros, la presentación cambia de aspecto. Es un excelente momento para repartir elogios sin mesura, chistes locales, amenazas veladas y, si no es tu amigo, destrozar su obra."
domingo, 18 de noviembre de 2007
Teatro Nacional de China

“Flor en espejo, luna en agua” del Teatro Nacional de China se presentó en el Teatro Principal. La obra muestra que en las relaciones personales no hay diferencias idiomáticas, sexuales o continentales, los conflictos son los mismos y las soluciones siempre están por descubrirse.
En un ambiente de espejos, relojes, arena blanca, teléfonos, proyecciones y música en vivo se desarrollan diferentes cuadros dramáticos que bien pueden suceder en un avión, una estación de radio, una casa o un hospital. Aunque la obra carece de trama, exigencia de la narrativa clásica, los espectadores podemos encontrar la coincidencia entre las historias en el caos, la fatalidad, la vida metropolitana y la fragilidad mental que todas refieren.
Los personajes buscan sin descanso que alguien los guíe, que sea su espejo, su reflejo, la necesidad de encontrarnos en los otros está latente en cada escena. Las justificaciones humanas quedan como una herramienta más para asirnos a una realidad que no controlamos.
El teatro nacional de China con Flor en espejo, luna en agua, invita a reflexionar sobre las estructuras que la humanidad se ha creado y si estás ayudan o impiden la comunicación en las relaciones humanas.
NOTA: FOTO DE CHRISTA COWRIE
Narraciones que percuten
León, Guanajuato FIC 2006
Ocho piedras, cuatro músicos y una metáfora auditiva de agua nos transportaron al mundo de Tambuco, Ensamble de Percusiones de México, con su concierto “Percussion UK” en el Teatro Manuel Doblado el viernes 6 de octubre a las 20 horas.
En homenaje a la música de percusiones, la agrupación decidió tomar su nombre de la pieza “Tambuco” del compositor mexicano Carlos Chávez. Tambuco se fundó en 1993 y está formado por Ricardo Gallardo, director artístico y percusionita; Alfredo Bringas, Miguel González y Raúl Tudón, percusionistas. Su álbum “Carlos Chávez, Complete Chamber Music” fue nominado en los premios Grammy de este año en las categorías de Mejor álbum de música clásica y Mejor ensamble de cámara.
Las ejecuciones musicales de anoche mostraron la obra de compositores contemporáneos del Reino Unido, sin embargo, el programa incluyó “Offrande” del mexicano Javier Álvarez como alusión a su vida musical en Londres.
“Stone song, stone dance” de Paul Barker fue la segunda pieza interpretada, pero sin duda fue la que desenterró de nuestra memoria colectiva lo primigenio de la percusión en el choque de dos piedras. Las posibilidades infinitas de las percusiones para crear ambientes, despertarnos emociones, narrarnos historias y transportarnos a mundos tan lejanos o interiores como nuestra voluntad elija quedaron claras con la deleitable cascada de sonidos de “One last bar, then Joe can sing” de Gavin Bryars. Las marimbas cautivaron, sorprendieron y engancharon a nuestros tímpanos bajo las hábiles manos de los miembros de Tambuco en “Hook” de Graham Fitkin.
Después del festival de tesituras e imágenes auditivas con el que Tambuco nos refrescó el oído y nos recordó lo placentero que es escuchar, uno se pregunta ¿qué significado guarda la música para un percusionista? Ricardo Gallardo nos respondió “ La Música es un universo, se me hace la mejor forma de comunicarse. Pienso que no habría guerra si nos comunicáramos a través de la música. La música resuelve sus conflictos, no los esconde, no los rehuye, los enfrenta, los pone a la vista de todos y los resuelve.”
Los oídos de quienes acudimos al concierto tardarán en adaptarse de nuevo al ruido citadino luego de haber experimentado lo armonioso y plácido de un golpe a tiempo.
Ocho piedras, cuatro músicos y una metáfora auditiva de agua nos transportaron al mundo de Tambuco, Ensamble de Percusiones de México, con su concierto “Percussion UK” en el Teatro Manuel Doblado el viernes 6 de octubre a las 20 horas.
En homenaje a la música de percusiones, la agrupación decidió tomar su nombre de la pieza “Tambuco” del compositor mexicano Carlos Chávez. Tambuco se fundó en 1993 y está formado por Ricardo Gallardo, director artístico y percusionita; Alfredo Bringas, Miguel González y Raúl Tudón, percusionistas. Su álbum “Carlos Chávez, Complete Chamber Music” fue nominado en los premios Grammy de este año en las categorías de Mejor álbum de música clásica y Mejor ensamble de cámara.
Las ejecuciones musicales de anoche mostraron la obra de compositores contemporáneos del Reino Unido, sin embargo, el programa incluyó “Offrande” del mexicano Javier Álvarez como alusión a su vida musical en Londres.
“Stone song, stone dance” de Paul Barker fue la segunda pieza interpretada, pero sin duda fue la que desenterró de nuestra memoria colectiva lo primigenio de la percusión en el choque de dos piedras. Las posibilidades infinitas de las percusiones para crear ambientes, despertarnos emociones, narrarnos historias y transportarnos a mundos tan lejanos o interiores como nuestra voluntad elija quedaron claras con la deleitable cascada de sonidos de “One last bar, then Joe can sing” de Gavin Bryars. Las marimbas cautivaron, sorprendieron y engancharon a nuestros tímpanos bajo las hábiles manos de los miembros de Tambuco en “Hook” de Graham Fitkin.
Después del festival de tesituras e imágenes auditivas con el que Tambuco nos refrescó el oído y nos recordó lo placentero que es escuchar, uno se pregunta ¿qué significado guarda la música para un percusionista? Ricardo Gallardo nos respondió “ La Música es un universo, se me hace la mejor forma de comunicarse. Pienso que no habría guerra si nos comunicáramos a través de la música. La música resuelve sus conflictos, no los esconde, no los rehuye, los enfrenta, los pone a la vista de todos y los resuelve.”
Los oídos de quienes acudimos al concierto tardarán en adaptarse de nuevo al ruido citadino luego de haber experimentado lo armonioso y plácido de un golpe a tiempo.
Cuento para la mirada
San Miguel de Allende, Guanajuato FIC 25-10-2006
“En la tibieza del tiempo todo consiste en morir y dejar crecer las sombras que apagarán los recuerdos de lo que alguna vez nos provocó sueños. Ya nadie dice nada en este pueblo sin ruidos, porque los hombres viven murmurando como grillos sobre las brasas de la tierra. Retazan suspiros y esperan que el día desbarate las sombras para perderse en la tibieza del tiempo ”.
Una narración circular es lo que es la exposición “Paisajes interiores” de Rogelio Cuéllar en el Centro Cultural El Nigromante en San Miguel de Allende, Guanajuato. Los títulos de su obra tan sólo enmarcan su belleza y su misterio. Nos invitan a jugar y unir aleatoriamente imágenes y textos, como un rompecabezas personal para cada observador, una historia a la medida de quien se atreva a descender a su vientre y escucharse. Las fotografías de Rogelio parecen yantras, mantras visuales que nos llevan a meditar sobre lo que somos: tiempo, espacios, silencio, espera, sueños. No son necesarios los retratos, lo que el ser humano habita, sus lugares y herramientas han sido personificados por la mirada de Cuéllar y hablan de su esencia.
Una ventana abierta y el espacio que se expande por entre su marco, lleva por título “Apagando mis recuerdos”; una esquina y la sombra de un árbol proyectada sobre el edificio es “Vi crecer sombras”; una silla se llama “Comencé a llenarme de sueños” y en cada imagen permaneces, observas, sientes. Reflexionas sobre el tiempo y las transformaciones que suceden en él. Esos cambios son lo que miden nuestra vida, los que dan cuenta de ella, los que nos permiten crecer.
Cualquiera puede perderse en un mundo de espejos fabricados a la medida de nuestra necesidad por sentirnos bien. Pero las pérdidas, también son reflejo, realidad y verdad. La fotografía “Puede usted perderse” muestra la esquina de un inmueble con anuncios publicitarios viejos de refrescos como Crush y cigarros como Faros, en medio una flecha que indica el tránsito. Tan desconectados de nosotros mismos estamos en ocasiones que necesitamos que nos digan para dónde ir, ya no resulta extraño, es sólo una oferta más del espectáculo “vive sin complicaciones” en que hemos convertido la vida. Por eso la mirada de Rogelio Cuéllar nos transporta a la intimidad, a lo que es e impacta sin maquillaje, sin retoque, sin efectos.
Su experiencia en la fotografía es evidente, su trayectoria, sus premios, su amor por enfocar lo contundente, lo veraz, es tangible en cada hilo del telar que somos. Indudablemente vibramos ante su lenguaje visual, los invito a sentirlo, las exhibición permanecerá hasta el 26 de noviembre. Un cuento para la mirada es el trabajo de Rogelio Cuéllar, una narración que nos abre el encuentro con nosotros mismos y con la aventura de lo que creímos sólo un recuerdo, pero termina siendo vértice de lo que ahora nos define.
“En la tibieza del tiempo todo consiste en morir y dejar crecer las sombras que apagarán los recuerdos de lo que alguna vez nos provocó sueños. Ya nadie dice nada en este pueblo sin ruidos, porque los hombres viven murmurando como grillos sobre las brasas de la tierra. Retazan suspiros y esperan que el día desbarate las sombras para perderse en la tibieza del tiempo ”.
Una narración circular es lo que es la exposición “Paisajes interiores” de Rogelio Cuéllar en el Centro Cultural El Nigromante en San Miguel de Allende, Guanajuato. Los títulos de su obra tan sólo enmarcan su belleza y su misterio. Nos invitan a jugar y unir aleatoriamente imágenes y textos, como un rompecabezas personal para cada observador, una historia a la medida de quien se atreva a descender a su vientre y escucharse. Las fotografías de Rogelio parecen yantras, mantras visuales que nos llevan a meditar sobre lo que somos: tiempo, espacios, silencio, espera, sueños. No son necesarios los retratos, lo que el ser humano habita, sus lugares y herramientas han sido personificados por la mirada de Cuéllar y hablan de su esencia.
Una ventana abierta y el espacio que se expande por entre su marco, lleva por título “Apagando mis recuerdos”; una esquina y la sombra de un árbol proyectada sobre el edificio es “Vi crecer sombras”; una silla se llama “Comencé a llenarme de sueños” y en cada imagen permaneces, observas, sientes. Reflexionas sobre el tiempo y las transformaciones que suceden en él. Esos cambios son lo que miden nuestra vida, los que dan cuenta de ella, los que nos permiten crecer.
Cualquiera puede perderse en un mundo de espejos fabricados a la medida de nuestra necesidad por sentirnos bien. Pero las pérdidas, también son reflejo, realidad y verdad. La fotografía “Puede usted perderse” muestra la esquina de un inmueble con anuncios publicitarios viejos de refrescos como Crush y cigarros como Faros, en medio una flecha que indica el tránsito. Tan desconectados de nosotros mismos estamos en ocasiones que necesitamos que nos digan para dónde ir, ya no resulta extraño, es sólo una oferta más del espectáculo “vive sin complicaciones” en que hemos convertido la vida. Por eso la mirada de Rogelio Cuéllar nos transporta a la intimidad, a lo que es e impacta sin maquillaje, sin retoque, sin efectos.
Su experiencia en la fotografía es evidente, su trayectoria, sus premios, su amor por enfocar lo contundente, lo veraz, es tangible en cada hilo del telar que somos. Indudablemente vibramos ante su lenguaje visual, los invito a sentirlo, las exhibición permanecerá hasta el 26 de noviembre. Un cuento para la mirada es el trabajo de Rogelio Cuéllar, una narración que nos abre el encuentro con nosotros mismos y con la aventura de lo que creímos sólo un recuerdo, pero termina siendo vértice de lo que ahora nos define.
Arriba el Norte
León, Guanajuato FIC 2006
What about art? Fue la pregunta que inauguró el concierto No más Mozart en el Teatro Manuel Doblado el domingo 8.
Do you know Mozart? He is dead (¿Conoces a Mozart? Está muerto) Fue la frase a la que muchos respondimos: Más Mozart por favor. La primera parte del concierto estuvo a cargo de los austriacos Christopher Just y el trío waxolutionists. Utilizaron como base la música de Mozart y partir de ella escratchearon discos, manipularon agudos, graves, tempos, salidas de sonido a derecha e izquierda para reinterpretar al genio de Salzburgo. Después de oírlos queda claro que uno se pregunta ¿Quiénes serán los genios de este siglo, quiénes nos representarán y serán reinterpretados por nuevas generaciones? Queremos más Mozarts, más genios que puedan seguirnos hablando a través de los siglos. Gracias a sus aportaciones hemos llegado a donde estamos, sus lecturas singulares del mundo, sus obras como ventanas a su mente, nos ponen a vibrar y a leer desde otros ángulos, a reconstruirnos cultural y simbólicamente, como en el homenaje a Mozart de la noche del domingo en el Doblado.
Después del intermedio, llegó el turno de escuchar Nortec con Pepe Mogt de Fussible, Roberto Mendoza de Panóptica y Octavio Castellanos como Vj. Fuimos transportados al Norte del país desde la primera nota, la imágenes se conjugaron en un perfecto discurso con la melodía. Frases comunes como “El corazón a veces me domina quisiera que fuera al revés, pero no puedo”, palabras sueltas: sonido, transmisiones, carreteras, conexiones, audio, movimiento, lenguaje, secuencias, pixeles, go, no, limits, fotos del cruce de la frontera, de personajes prototípicos, de bares, de acordeones, diseño de gráficos y notas cruzando un pentagrama en 3D nos sumergieron en un lenguaje visual-auditivo que movió nuestro cuerpo y más de uno bailó desde su asiento.
Pepe nos dijo que lo que tocan y proyectan “depende de las circunstancias porque ayer en Guanajuato era como una fiesta, entonces lo que tocamos fue un set muy fuerte, muy dinámico, muy festivo. Pero hoy como era en teatro y la gente estaba sentada para escuchar pues fue un set más para el espacio. Decidimos conforme vemos al público, porque siempre hay un intercambio entre el público y lo que estamos haciendo.”
Nortec es un sonido que se ha desarrollado desde los sonidos antes conocidos como industrial, electro para terminar con la fusión de los sonidos de Tijuana y otras partes del norte del país. Las influencias de estos músicos han sido grupos como Depeche Mode y New Order.
Las palabras proyectadas podían ser intercaladas y producirnos sentido o no. En lo personal uní tres: Go, no limits. (Vamos, no hay límites). Creo que resumen la noche, el concierto No más Mozart fue un ejemplo vivo y sintético de nuestra época, mezclar, reinterpretar, viajar, abrir nuestros sentidos y disfrutar. No hay límites, sólo referentes.
What about art? Fue la pregunta que inauguró el concierto No más Mozart en el Teatro Manuel Doblado el domingo 8.
Do you know Mozart? He is dead (¿Conoces a Mozart? Está muerto) Fue la frase a la que muchos respondimos: Más Mozart por favor. La primera parte del concierto estuvo a cargo de los austriacos Christopher Just y el trío waxolutionists. Utilizaron como base la música de Mozart y partir de ella escratchearon discos, manipularon agudos, graves, tempos, salidas de sonido a derecha e izquierda para reinterpretar al genio de Salzburgo. Después de oírlos queda claro que uno se pregunta ¿Quiénes serán los genios de este siglo, quiénes nos representarán y serán reinterpretados por nuevas generaciones? Queremos más Mozarts, más genios que puedan seguirnos hablando a través de los siglos. Gracias a sus aportaciones hemos llegado a donde estamos, sus lecturas singulares del mundo, sus obras como ventanas a su mente, nos ponen a vibrar y a leer desde otros ángulos, a reconstruirnos cultural y simbólicamente, como en el homenaje a Mozart de la noche del domingo en el Doblado.
Después del intermedio, llegó el turno de escuchar Nortec con Pepe Mogt de Fussible, Roberto Mendoza de Panóptica y Octavio Castellanos como Vj. Fuimos transportados al Norte del país desde la primera nota, la imágenes se conjugaron en un perfecto discurso con la melodía. Frases comunes como “El corazón a veces me domina quisiera que fuera al revés, pero no puedo”, palabras sueltas: sonido, transmisiones, carreteras, conexiones, audio, movimiento, lenguaje, secuencias, pixeles, go, no, limits, fotos del cruce de la frontera, de personajes prototípicos, de bares, de acordeones, diseño de gráficos y notas cruzando un pentagrama en 3D nos sumergieron en un lenguaje visual-auditivo que movió nuestro cuerpo y más de uno bailó desde su asiento.
Pepe nos dijo que lo que tocan y proyectan “depende de las circunstancias porque ayer en Guanajuato era como una fiesta, entonces lo que tocamos fue un set muy fuerte, muy dinámico, muy festivo. Pero hoy como era en teatro y la gente estaba sentada para escuchar pues fue un set más para el espacio. Decidimos conforme vemos al público, porque siempre hay un intercambio entre el público y lo que estamos haciendo.”
Nortec es un sonido que se ha desarrollado desde los sonidos antes conocidos como industrial, electro para terminar con la fusión de los sonidos de Tijuana y otras partes del norte del país. Las influencias de estos músicos han sido grupos como Depeche Mode y New Order.
Las palabras proyectadas podían ser intercaladas y producirnos sentido o no. En lo personal uní tres: Go, no limits. (Vamos, no hay límites). Creo que resumen la noche, el concierto No más Mozart fue un ejemplo vivo y sintético de nuestra época, mezclar, reinterpretar, viajar, abrir nuestros sentidos y disfrutar. No hay límites, sólo referentes.
¡Qué cosas!
León, Guanajuato FIC 2006
Flamenco suena como a fuego, y qué incendio tuvimos el 20 de octubre en el Teatro Manuel Doblado con “Las cosas del Flamenco” de Cristóbal Reyes.
Un espectáculo encendido, lleno de pasión, de carácter, de fuerza y sensualidad. Bailaores de distintos países, con distintos acentos en la interpretación de la melodía nos mostraron que el Flamenco es un hervir en la sangre que pide salir, comunicar a los otros, extenderse por la tierra y cautivar a quien observa.
Puerto Rico, México, España, Chile, Estados Unidos dialogaron en el lenguaje de la música y la danza, sus embajadores fueron claros, precisos y una llama que con cada taconeo contribuyó en la corporeidad al flamenco.
Cristóbal Reyes, fue un derroche de energía, de pasión, de entrega, de amor por un arte que ha sido su manantial, el camino para vaciar su sentir y ser. La tradición sólo asegura su existencia si es capaz de dejarse reinterpretar, mezclarse, recibir de otros y andar por el mundo a través de quienes no imagino. Conservarse como raíz, como origen, pero ser libre de moverse con el tiempo y de dejarse tocar para seguir llegando a los corazones de los espectadores es lo que toca a un arte como el flamenco. Encuentra la posibilidad del intercambio y de la extensión en Cristóbal Reyes, sus bailaores y músicos.
En un país como el nuestro, eventos como el de anoche nos ponen a reflexionar y pensamos si nuestras tradiciones serán capaces de mutar, de fusionarse, de extenderse y seguir hablando de nosotros, o si en algún momento quedarán tan lejanas, tan inamovibles que dejarán de expresar parte de lo que somos. Quedó claro que el respeto y el amor por la tradición son lo que motiva el diálogo, la búsqueda de otros para continuar la vida de la forma que narra parte de nuestra identidad. En una ciudad como León en constante movimiento, ojalá por su origen queden el respeto y amor necesarios para preservarlo en los nuevos pasos citadinos, para no tenerlo como la foto olvidada que retrata a ya no sabemos qué parientes.
Las cosas del flamenco nos hablaron desde el vientre, por eso nos contagiaron de energía y nos dieron ganas de salir a aprender flamenco y bailarlo. Los aplausos fueron interminables y de pie el público agradeció el fuego del baile, sus formas, sus acentos, la generosidad artística de quien interpretó.
Flamenco suena como a fuego, y qué incendio tuvimos el 20 de octubre en el Teatro Manuel Doblado con “Las cosas del Flamenco” de Cristóbal Reyes.
Un espectáculo encendido, lleno de pasión, de carácter, de fuerza y sensualidad. Bailaores de distintos países, con distintos acentos en la interpretación de la melodía nos mostraron que el Flamenco es un hervir en la sangre que pide salir, comunicar a los otros, extenderse por la tierra y cautivar a quien observa.
Puerto Rico, México, España, Chile, Estados Unidos dialogaron en el lenguaje de la música y la danza, sus embajadores fueron claros, precisos y una llama que con cada taconeo contribuyó en la corporeidad al flamenco.
Cristóbal Reyes, fue un derroche de energía, de pasión, de entrega, de amor por un arte que ha sido su manantial, el camino para vaciar su sentir y ser. La tradición sólo asegura su existencia si es capaz de dejarse reinterpretar, mezclarse, recibir de otros y andar por el mundo a través de quienes no imagino. Conservarse como raíz, como origen, pero ser libre de moverse con el tiempo y de dejarse tocar para seguir llegando a los corazones de los espectadores es lo que toca a un arte como el flamenco. Encuentra la posibilidad del intercambio y de la extensión en Cristóbal Reyes, sus bailaores y músicos.
En un país como el nuestro, eventos como el de anoche nos ponen a reflexionar y pensamos si nuestras tradiciones serán capaces de mutar, de fusionarse, de extenderse y seguir hablando de nosotros, o si en algún momento quedarán tan lejanas, tan inamovibles que dejarán de expresar parte de lo que somos. Quedó claro que el respeto y el amor por la tradición son lo que motiva el diálogo, la búsqueda de otros para continuar la vida de la forma que narra parte de nuestra identidad. En una ciudad como León en constante movimiento, ojalá por su origen queden el respeto y amor necesarios para preservarlo en los nuevos pasos citadinos, para no tenerlo como la foto olvidada que retrata a ya no sabemos qué parientes.
Las cosas del flamenco nos hablaron desde el vientre, por eso nos contagiaron de energía y nos dieron ganas de salir a aprender flamenco y bailarlo. Los aplausos fueron interminables y de pie el público agradeció el fuego del baile, sus formas, sus acentos, la generosidad artística de quien interpretó.
viernes, 20 de octubre de 2006
XALAPA, ENSOÑACIÓN MUSICAL
León, Guanajuato 20 octubre 2006
Una fantasía musical fue lo que experimentamos el 18 de octubre en el Teatro Manuel Doblado con la presentación de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, la más antigua de nuestro país.
Sergio Cárdenas dirigió a la Orquesta por entre la obra de Ibarra, Mozart y Beethoven. Su experiencia lo ha llevado a trabajar con las Filarmónicas de Munich, Stuttgart y Londres. Algunos de sus reconocimientos internacionales incluyen a la Fundación Internacional Mozarteum, con la Medalla Lilli-Lehmann; al gobierno de Hungría, con la Medalla Bela Bartók y al Same Out Group de España, con El laurel de oro a la calidad. Actualmente es profesor y director de la orquesta sinfónica de la Escuela Nacional de Música de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).
El público fue testigo del estreno mundial de la “Obertura para un cuento fantástico para orquesta” del mexicano Federico Ibarra, quién subió al escenario a recibir los aplausos por una obra emotiva, llena de calidez, de aventura, de magia, de tesituras y formas que despertaron nuestra imaginación. El programa continuó con la “Sinfonía No.39” de Mozart y la “Sinfonía No. 5” de Beethoven. Los clásicos que siempre despiertan en nosotros el suspiro y el asombro.
La Orquesta tuvo una interpretación precisa, armoniosa, mostró la entrega y la experiencia de cada uno de sus integrantes. Un equipo coordinado y sensible regaló anoche vibraciones musicales que conmovieron a la audiencia leonesa amante de la música de orquesta.
Una fantasía musical fue lo que experimentamos el 18 de octubre en el Teatro Manuel Doblado con la presentación de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, la más antigua de nuestro país.
Sergio Cárdenas dirigió a la Orquesta por entre la obra de Ibarra, Mozart y Beethoven. Su experiencia lo ha llevado a trabajar con las Filarmónicas de Munich, Stuttgart y Londres. Algunos de sus reconocimientos internacionales incluyen a la Fundación Internacional Mozarteum, con la Medalla Lilli-Lehmann; al gobierno de Hungría, con la Medalla Bela Bartók y al Same Out Group de España, con El laurel de oro a la calidad. Actualmente es profesor y director de la orquesta sinfónica de la Escuela Nacional de Música de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).
El público fue testigo del estreno mundial de la “Obertura para un cuento fantástico para orquesta” del mexicano Federico Ibarra, quién subió al escenario a recibir los aplausos por una obra emotiva, llena de calidez, de aventura, de magia, de tesituras y formas que despertaron nuestra imaginación. El programa continuó con la “Sinfonía No.39” de Mozart y la “Sinfonía No. 5” de Beethoven. Los clásicos que siempre despiertan en nosotros el suspiro y el asombro.
La Orquesta tuvo una interpretación precisa, armoniosa, mostró la entrega y la experiencia de cada uno de sus integrantes. Un equipo coordinado y sensible regaló anoche vibraciones musicales que conmovieron a la audiencia leonesa amante de la música de orquesta.
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lunes, 16 de octubre de 2006
FUSIONES FLAMENCAS, MARÍA PAGÉS
León, Guanajuato
“Entre el mar y el soñar hay una tercera cosa” es el flamenco de María Pagés. La compañía que lleva su nombre se presentó el 15 de octubre en el Teatro Manuel Doblado con el espectáculo “Canciones, antes de una guerra”.
“Déjame que te cuente mi niño”…Fuerza, elegancia y dinamismo inundaron el escenario entre el zapateado, las palmadas y el canto flamenco. Entre las piezas presentadas estuvo “Nanas de la cebolla” que María dedica a su hijo Pancho para que no olvide su infancia y con los sueños propios de esa etapa construya una sociedad más justa. Un escenario con telón negro al fondo que se doblaba de distintas formas, una banca de parque, lámparas redondas, proyecciones de dibujos infantiles y un mapamundi sirvieron de paleta para combinar el flamenco con blues, jazz, balada rock, produciendo así matices que cautivaron a un auditorio que agradeció de pie el trabajo.
Las bailaoras fueron María Pagés, María Morales, Sonia Fernández, Mar Jurado, Isabel Rodríguez y Anabel Veloso. Los bailaores, Emilio Herrera, José Barrios, José Antonio Jurado y Alberto Ruiz. Los músicos, Ana Ramón, Ismael de la Rosa, Susana Ruiz, José Carrillo y Francisco Alcaide.
Boquerones del alba fue la primer pieza, siguió presentación, blues dingue, tatuaje, guitarra dímelo tú, soléa de la cueva, publicidad, percusión luces, taranto para mujeres, soñar, nanas de la cebolla, alegría, when de saints marching in y para finalizar, imagine.
¿Pudo John Lennon imaginar que el flamenco llevaría su mensaje? ¿Pudo el flamenco imaginar su fusión con otras formas? María Pagés lo intenta porque “la vida misma que vivimos ahora está hecha de influencias, nosotros ahora ponemos la tele y nos enteramos de las noticias que están pasando en la otra parte del mundo, pues yo creo que el mundo vive ahora en conexión con todas las culturas, por eso es normal que haya esa influencia. Creo que el flamenco debe ser un arte que crece, un arte vivo, un arte actual, que exprese y refleje el momento que estamos viviendo. Si alguna música me gusta, me inspira y me remueve aquí dentro y me place bailarla pues la bailo a través del baile flamenco que es lo que yo sé hacer.”
El mundo podrá ser uno solo, pero las probabilidades de fundirnos, de encontrarnos, de mezclar parecen infinitas. El flamenco tiene nuevos horizontes y nosotros tuvimos la oportunidad de vislumbrarlos en los pies de María Pagés.
“Entre el mar y el soñar hay una tercera cosa” es el flamenco de María Pagés. La compañía que lleva su nombre se presentó el 15 de octubre en el Teatro Manuel Doblado con el espectáculo “Canciones, antes de una guerra”.
“Déjame que te cuente mi niño”…Fuerza, elegancia y dinamismo inundaron el escenario entre el zapateado, las palmadas y el canto flamenco. Entre las piezas presentadas estuvo “Nanas de la cebolla” que María dedica a su hijo Pancho para que no olvide su infancia y con los sueños propios de esa etapa construya una sociedad más justa. Un escenario con telón negro al fondo que se doblaba de distintas formas, una banca de parque, lámparas redondas, proyecciones de dibujos infantiles y un mapamundi sirvieron de paleta para combinar el flamenco con blues, jazz, balada rock, produciendo así matices que cautivaron a un auditorio que agradeció de pie el trabajo.
Las bailaoras fueron María Pagés, María Morales, Sonia Fernández, Mar Jurado, Isabel Rodríguez y Anabel Veloso. Los bailaores, Emilio Herrera, José Barrios, José Antonio Jurado y Alberto Ruiz. Los músicos, Ana Ramón, Ismael de la Rosa, Susana Ruiz, José Carrillo y Francisco Alcaide.
Boquerones del alba fue la primer pieza, siguió presentación, blues dingue, tatuaje, guitarra dímelo tú, soléa de la cueva, publicidad, percusión luces, taranto para mujeres, soñar, nanas de la cebolla, alegría, when de saints marching in y para finalizar, imagine.
¿Pudo John Lennon imaginar que el flamenco llevaría su mensaje? ¿Pudo el flamenco imaginar su fusión con otras formas? María Pagés lo intenta porque “la vida misma que vivimos ahora está hecha de influencias, nosotros ahora ponemos la tele y nos enteramos de las noticias que están pasando en la otra parte del mundo, pues yo creo que el mundo vive ahora en conexión con todas las culturas, por eso es normal que haya esa influencia. Creo que el flamenco debe ser un arte que crece, un arte vivo, un arte actual, que exprese y refleje el momento que estamos viviendo. Si alguna música me gusta, me inspira y me remueve aquí dentro y me place bailarla pues la bailo a través del baile flamenco que es lo que yo sé hacer.”
El mundo podrá ser uno solo, pero las probabilidades de fundirnos, de encontrarnos, de mezclar parecen infinitas. El flamenco tiene nuevos horizontes y nosotros tuvimos la oportunidad de vislumbrarlos en los pies de María Pagés.
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domingo, 15 de octubre de 2006
CONCENTRAR LA MIRADA
León, Guanajuato
“Pequeños-grandes mundos. Miniatura y formatos afines” es la obra de José Apaza expuesta en la Galería Jesús Gallardo. Artista plástico de Perú que nos obliga a concentrar la mirada para disfrutar de lo cotidiano, algo casi anacrónico en la era de la imagen espectacular y lo ficticio. Nuestro ritmo disminuye y somos llevados a historias que creímos olvidadas, los trabajos en el campo, los hilos, las ventanas desvencijadas, los pescadores, la espera. Cada miniatura parece decirnos que el tiempo no es su velocidad de paso, es lo que significa en nosotros y nos transforma. Cada retrato parece crucial, justo el momento del insight de quien nos mira a través del trazo de Apaza.
“Trabajo” “Sahumadora” e “Incienso” son algunos de sus cuadros en blanco y negro que quisiéramos verlos animados contándonos su existencia, pero no es necesario, frente a ellos es nuestra imaginación la que corre, a veces lo esencial se dice así de una sola vez y es efectivo en quien contempla.
El díptico “Visita” parece dejarnos a la libre elección el tercer momento, entre el hombre y la ventana nos preguntamos ¿qué pasará cuando llegue ahí?, ¿qué pasará si no arriba y sólo la observa?, ¿lo recibirán?
Terminamos sintiéndonos ínfimos en el universo, meditando sobre el tiempo y concentrando la mirada en lo importante, que para todos es distinto, pero que en todos requiere un mínimo de tiempo en otro ritmo.
“Pequeños-grandes mundos. Miniatura y formatos afines” es la obra de José Apaza expuesta en la Galería Jesús Gallardo. Artista plástico de Perú que nos obliga a concentrar la mirada para disfrutar de lo cotidiano, algo casi anacrónico en la era de la imagen espectacular y lo ficticio. Nuestro ritmo disminuye y somos llevados a historias que creímos olvidadas, los trabajos en el campo, los hilos, las ventanas desvencijadas, los pescadores, la espera. Cada miniatura parece decirnos que el tiempo no es su velocidad de paso, es lo que significa en nosotros y nos transforma. Cada retrato parece crucial, justo el momento del insight de quien nos mira a través del trazo de Apaza.
“Trabajo” “Sahumadora” e “Incienso” son algunos de sus cuadros en blanco y negro que quisiéramos verlos animados contándonos su existencia, pero no es necesario, frente a ellos es nuestra imaginación la que corre, a veces lo esencial se dice así de una sola vez y es efectivo en quien contempla.
El díptico “Visita” parece dejarnos a la libre elección el tercer momento, entre el hombre y la ventana nos preguntamos ¿qué pasará cuando llegue ahí?, ¿qué pasará si no arriba y sólo la observa?, ¿lo recibirán?
Terminamos sintiéndonos ínfimos en el universo, meditando sobre el tiempo y concentrando la mirada en lo importante, que para todos es distinto, pero que en todos requiere un mínimo de tiempo en otro ritmo.
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LO CONTUNDENTE DE LO COTIDIANO
León, Guanajuato
La cotidianidad es la nave que tienen los seres humanos para aprender, en los ojos de Gerardo Pineda Escobar y Oscar León Ramírez es claro que el día a día nos habla, nos convoca, nos declara posturas y cosmogonías, únicamente hay que estar preparados para enfocar, en el caso de estos dos fotógrafos para disparar.
Su obra se exhibe en la sala de exposiciones del Teatro María Grever. Gerardo y Oscar son chiapanecos, quizá esto y el ser fotógrafos es lo único que comparten, ya que sus imágenes reflejan visiones distintas de lo cotidiano. Mientras las fotos de Gerardo parecen mostrar la espera, el ritmo, las de Oscar enseñan el reto, las exigencias de sortear el día a día.
La foto “La mar, ahí mora el amor eterno” de Gerardo Pineda, nos detiene en lo que podría ser el final de una jornada en el mar, un hombre y una gaviota parecen encontrarse de frente, aunque sólo sea el efecto por las dos dimensiones de la fotografía, simula una metáfora de dos visiones de vivir el día entre el oleaje de lo vital.
“A corazón abierto” de Gerardo Pineda muestra peces abiertos por su centro, secándose sobre una red. El ritmo de la vida, morir para dar vida, abrir el corazón, esperar.
“El sueño” de Oscar León retrata a un vendedor de flores observando atento una camioneta en una agencia de autos. A veces los sueños más difíciles de alcanzar son los materiales, los tangibles. “Subida al cielo” nos lleva a un reto distinto, el cruzar de un lado a otro cuando un huracán se ha llevado el camino. Una imagen a contraluz donde un hombre y una bicicleta están suspendidos de una cuerda, parece casi un trapecista, en ocasiones la realidad es un circo de tres pistas y nosotros los que decimos “la función debe continuar.” “Amanecer” enmarca a un hombre de campo cargando leña, el desafío está en despertar y trabajar para sobrevivir.
La cotidianidad es un continuo ejercicio de resolución de retos y sueños, la encontramos detenida en los disparos certeros de Oscar León Ramírez y Gerardo Pineda Escobar.
La cotidianidad es la nave que tienen los seres humanos para aprender, en los ojos de Gerardo Pineda Escobar y Oscar León Ramírez es claro que el día a día nos habla, nos convoca, nos declara posturas y cosmogonías, únicamente hay que estar preparados para enfocar, en el caso de estos dos fotógrafos para disparar.
Su obra se exhibe en la sala de exposiciones del Teatro María Grever. Gerardo y Oscar son chiapanecos, quizá esto y el ser fotógrafos es lo único que comparten, ya que sus imágenes reflejan visiones distintas de lo cotidiano. Mientras las fotos de Gerardo parecen mostrar la espera, el ritmo, las de Oscar enseñan el reto, las exigencias de sortear el día a día.
La foto “La mar, ahí mora el amor eterno” de Gerardo Pineda, nos detiene en lo que podría ser el final de una jornada en el mar, un hombre y una gaviota parecen encontrarse de frente, aunque sólo sea el efecto por las dos dimensiones de la fotografía, simula una metáfora de dos visiones de vivir el día entre el oleaje de lo vital.
“A corazón abierto” de Gerardo Pineda muestra peces abiertos por su centro, secándose sobre una red. El ritmo de la vida, morir para dar vida, abrir el corazón, esperar.
“El sueño” de Oscar León retrata a un vendedor de flores observando atento una camioneta en una agencia de autos. A veces los sueños más difíciles de alcanzar son los materiales, los tangibles. “Subida al cielo” nos lleva a un reto distinto, el cruzar de un lado a otro cuando un huracán se ha llevado el camino. Una imagen a contraluz donde un hombre y una bicicleta están suspendidos de una cuerda, parece casi un trapecista, en ocasiones la realidad es un circo de tres pistas y nosotros los que decimos “la función debe continuar.” “Amanecer” enmarca a un hombre de campo cargando leña, el desafío está en despertar y trabajar para sobrevivir.
La cotidianidad es un continuo ejercicio de resolución de retos y sueños, la encontramos detenida en los disparos certeros de Oscar León Ramírez y Gerardo Pineda Escobar.
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viernes, 13 de octubre de 2006
SE QUEDÓ EN PROYECTO
Guanajuato, Guanajuato
“Triste de mí, haber visto lo que veo, habiendo visto lo que vi” Le pido prestadas estas letras a Ofelia para describir mi percepción sobre Asociación Proyecto Hamlet y su puesta en escena de Hamlet: donde no puede haber justicia reina la venganza, que observé la noche del 13 de octubre en el Teatro Juárez. Se quedó en proyecto la reinterpretación de la obra de William Shakespeare, fue una obra plana, arrítmica, sin transiciones, con un principio débil, los diálogos eran escupidos sin intención, sonaban leídos mas que aprehendidos. No había trabajo en equipo, los actores no se provocaban nada entre ellos, por eso sus reacciones eran falsas, cronometradas desde un libreto y cuando en escena la dinámica no es acción-reacción entonces surge la sobreactuación, justo lo que pasó anoche.
La carga de la obra estuvo en los diálogos, como si hubieran olvidado que el teatro se construye con cuerpos, movimientos, acciones, intenciones. Visualmente fue muy atractiva, el vestuario era hermoso y tenía un lenguaje propio, contrastes, colores verdes, rojos, negros, blancos, grises, fueron su vocabulario. “Con anzuelos de mentiras se pescan truchas de verdad” pero los retratos, que es en lo que se convirtieron las escenas ya que los actores están acomodados según las reglas de los pesos en imagen, no bastan para mantener al público atento, este artificio no logra pescarnos.
Sin aire el movimiento de los actores, no podemos confundirnos y pensar que es parte del lenguaje porque la traducción nos demuestra lo contrario, al igual que los visual y porque en la escena donde Hamlet hace que actores representen la muerte de su padre a su madre, todos fluyen, son libres, y parece que vemos otra obra, una comedia. Lamentablemente este respiro pasa demasiado pronto y volvemos a lo rígido, a los gritos que surgen de la nada y pretenden crear tensión, a las enunciaciones y los ojos perdidos que buscan lo dramático. Se refugiaron en juguetes y juegos como piedras, saltos de bebeleche, chistes sobre sexo o escatológicos y desnudos para sortear diálogos. La ironía está que entre sus parlamentos denuncian este tipo de teatro “A este público sino le dan payasadas o chistes verdes, se duermen” “ “Una obra actuada con astucia afecta personas que terminan confesando su verdad” “Hasta los aguinaldos más ricos se vuelven pobres cuando al donante le falta generosidad” No sentimos la generosidad actoral, ni nos conmovimos, y si hubo risas forzadas. “Ser o no ser, ese es el asunto” fue una línea más, no pudimos sentir el dilema, la consternación del personaje, su debate interno.
Santiago Reyes que interpretó a un actor joven, una enfermera y una mucama que era nuestro punto de fuga en escenas interminable nos dijo “Cuando llevas ya un tiempo en temporada, uno tiene preestablecido en qué momento la gente se ríe, en que momento la gente está más tensa, la reacción de la gente uno ya la tiene un poco establecida y a una audiencia completamente diferente que reacciona completamente distinto a otras cosas pues también le cambia a uno todo, un poco, uno también reacciona ante eso”. Distintas las visiones de quienes están en el escenario y de quien observa. Santiago Reyes y Fernando García que interpretó a Polonio, fueron los que a mi parecer dieron melodía y crearon personajes humanos, reflejos de nuestra realidad. Robinson Díaz fue Hamlet; Humberto Dorado, Claudio; Ana Margarita Soler, Gertrudis; Victoria Góngora, Ofelia; Carlos Caycedo, Horacio; Guido Molina, Laertes; Ernesto Benjumea, Guildernsten; Ramsés Ramos, Rosencrantz y Carlos Serrato, actor viejo.
Después de esta obra uno recuerda a Hamlet diciendo respecto a los diálogos “Porque si hacen como hacen tantos actores hoy en día, mejor escucharlos en un vendedor de periódicos”. Deberían leer mejor sus líneas, y nosotros deberíamos leer la obra. Si “los actores son el mejor compendio de nuestra época” baste decir que somos pretenciosos, demandantes de spots lights e individualistas puros.
“Triste de mí, haber visto lo que veo, habiendo visto lo que vi” Le pido prestadas estas letras a Ofelia para describir mi percepción sobre Asociación Proyecto Hamlet y su puesta en escena de Hamlet: donde no puede haber justicia reina la venganza, que observé la noche del 13 de octubre en el Teatro Juárez. Se quedó en proyecto la reinterpretación de la obra de William Shakespeare, fue una obra plana, arrítmica, sin transiciones, con un principio débil, los diálogos eran escupidos sin intención, sonaban leídos mas que aprehendidos. No había trabajo en equipo, los actores no se provocaban nada entre ellos, por eso sus reacciones eran falsas, cronometradas desde un libreto y cuando en escena la dinámica no es acción-reacción entonces surge la sobreactuación, justo lo que pasó anoche.
La carga de la obra estuvo en los diálogos, como si hubieran olvidado que el teatro se construye con cuerpos, movimientos, acciones, intenciones. Visualmente fue muy atractiva, el vestuario era hermoso y tenía un lenguaje propio, contrastes, colores verdes, rojos, negros, blancos, grises, fueron su vocabulario. “Con anzuelos de mentiras se pescan truchas de verdad” pero los retratos, que es en lo que se convirtieron las escenas ya que los actores están acomodados según las reglas de los pesos en imagen, no bastan para mantener al público atento, este artificio no logra pescarnos.
Sin aire el movimiento de los actores, no podemos confundirnos y pensar que es parte del lenguaje porque la traducción nos demuestra lo contrario, al igual que los visual y porque en la escena donde Hamlet hace que actores representen la muerte de su padre a su madre, todos fluyen, son libres, y parece que vemos otra obra, una comedia. Lamentablemente este respiro pasa demasiado pronto y volvemos a lo rígido, a los gritos que surgen de la nada y pretenden crear tensión, a las enunciaciones y los ojos perdidos que buscan lo dramático. Se refugiaron en juguetes y juegos como piedras, saltos de bebeleche, chistes sobre sexo o escatológicos y desnudos para sortear diálogos. La ironía está que entre sus parlamentos denuncian este tipo de teatro “A este público sino le dan payasadas o chistes verdes, se duermen” “ “Una obra actuada con astucia afecta personas que terminan confesando su verdad” “Hasta los aguinaldos más ricos se vuelven pobres cuando al donante le falta generosidad” No sentimos la generosidad actoral, ni nos conmovimos, y si hubo risas forzadas. “Ser o no ser, ese es el asunto” fue una línea más, no pudimos sentir el dilema, la consternación del personaje, su debate interno.
Santiago Reyes que interpretó a un actor joven, una enfermera y una mucama que era nuestro punto de fuga en escenas interminable nos dijo “Cuando llevas ya un tiempo en temporada, uno tiene preestablecido en qué momento la gente se ríe, en que momento la gente está más tensa, la reacción de la gente uno ya la tiene un poco establecida y a una audiencia completamente diferente que reacciona completamente distinto a otras cosas pues también le cambia a uno todo, un poco, uno también reacciona ante eso”. Distintas las visiones de quienes están en el escenario y de quien observa. Santiago Reyes y Fernando García que interpretó a Polonio, fueron los que a mi parecer dieron melodía y crearon personajes humanos, reflejos de nuestra realidad. Robinson Díaz fue Hamlet; Humberto Dorado, Claudio; Ana Margarita Soler, Gertrudis; Victoria Góngora, Ofelia; Carlos Caycedo, Horacio; Guido Molina, Laertes; Ernesto Benjumea, Guildernsten; Ramsés Ramos, Rosencrantz y Carlos Serrato, actor viejo.
Después de esta obra uno recuerda a Hamlet diciendo respecto a los diálogos “Porque si hacen como hacen tantos actores hoy en día, mejor escucharlos en un vendedor de periódicos”. Deberían leer mejor sus líneas, y nosotros deberíamos leer la obra. Si “los actores son el mejor compendio de nuestra época” baste decir que somos pretenciosos, demandantes de spots lights e individualistas puros.
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jueves, 12 de octubre de 2006
INDIA, LA FUERZA FEMENINA
León, Guanajuato
“La vasija es el cuerpo humano y la lámpara encendida es el alma de Shakti. Para adorar a a la diosa las mujeres mantienen la vasija en la cabeza y bailan al ritmo del tambor.” Estas palabras de Kalpesh Dalal director de Aavishkar nos introdujeron a una India llena de colores y tradiciones, a Anart, donde la danza prevalece por siempre. El Teatro Manuel Doblado abrió su telón la noche del 12 de octubre y nos envolvió en lo místico, lo vivo y la fortaleza delicada de la India.
Krishna es el dios que encuentra su complemento femenino en Shakti, la energía, por eso en el baile Chari las cuatro bailarinas danzan con fuego en la cabeza. Recordemos que en la India la vida es religiosa, por lo tanto los bailes tradicionales, como los presentados que pertenecen a las regiones de Gujarats y Rajasthan, ejemplifican la energía divina. La compañía con nueve bailarines busca rescatar y mantener las costumbres, su simbolismo y sabiduría en medio de un mundo comercial, poco espiritual, escéptico de toda verdad distinta a la ciencia.
El baile que a mi parecer puede ser tomado como metáfora de esta lucha entre lo tradicional y lo moderno es Vinchhudo que significa escorpión. El baile narra la historia de niñas que caminan por el bosque en busca de su principal fuente de energía, una de ellas es picada por un escorpión y pide que llamen a un médico brujo. Él acude, canta mantras y la cura, todos se alegran, cantan y bailan. La niña puede ser la India que picada por la globalización busca fervientemente en grupos como Aavishkar la salvación de su cultura ancestral y de su mitología. Desde 1993 este grupo con soporte del gobierno investiga el arte autóctono y lo reproduce en escenarios nacionales e internacionales como testimonio de vida.
Proyecciones de festivales, de mapas, de edificios, gente, instrumentos, paisajes nos enseñaron a esa India mítica, cambiante, enérgica, bella. Las encargadas de mostrarnos la fortaleza femenina, su vitalidad, fueron las bailarinas Lajju Davawaia, Anal Patel, Dhara Vaghela y Purvi Patel. Ágiles y ligeros, complemento de lo femenino, los bailarines fueron Rahul Shah, Digvijay Padhiar, Harshit Patel, Vishal Patel.
Danzas que cuentan historias divinas, hombres y mujeres al servicio de la tradición, la India el país que nos compartió su riqueza cultural la noche de octubre que guarda como memoria el encuentro de dos mundos, la confusión de un hombre y la razón de que los mexicanos hayamos sido llamados indios. Curioso, parece coincidencia, pero desde un punto menos racional podríamos decir que fue un ciclo cumplido.
“La vasija es el cuerpo humano y la lámpara encendida es el alma de Shakti. Para adorar a a la diosa las mujeres mantienen la vasija en la cabeza y bailan al ritmo del tambor.” Estas palabras de Kalpesh Dalal director de Aavishkar nos introdujeron a una India llena de colores y tradiciones, a Anart, donde la danza prevalece por siempre. El Teatro Manuel Doblado abrió su telón la noche del 12 de octubre y nos envolvió en lo místico, lo vivo y la fortaleza delicada de la India.
Krishna es el dios que encuentra su complemento femenino en Shakti, la energía, por eso en el baile Chari las cuatro bailarinas danzan con fuego en la cabeza. Recordemos que en la India la vida es religiosa, por lo tanto los bailes tradicionales, como los presentados que pertenecen a las regiones de Gujarats y Rajasthan, ejemplifican la energía divina. La compañía con nueve bailarines busca rescatar y mantener las costumbres, su simbolismo y sabiduría en medio de un mundo comercial, poco espiritual, escéptico de toda verdad distinta a la ciencia.
El baile que a mi parecer puede ser tomado como metáfora de esta lucha entre lo tradicional y lo moderno es Vinchhudo que significa escorpión. El baile narra la historia de niñas que caminan por el bosque en busca de su principal fuente de energía, una de ellas es picada por un escorpión y pide que llamen a un médico brujo. Él acude, canta mantras y la cura, todos se alegran, cantan y bailan. La niña puede ser la India que picada por la globalización busca fervientemente en grupos como Aavishkar la salvación de su cultura ancestral y de su mitología. Desde 1993 este grupo con soporte del gobierno investiga el arte autóctono y lo reproduce en escenarios nacionales e internacionales como testimonio de vida.
Proyecciones de festivales, de mapas, de edificios, gente, instrumentos, paisajes nos enseñaron a esa India mítica, cambiante, enérgica, bella. Las encargadas de mostrarnos la fortaleza femenina, su vitalidad, fueron las bailarinas Lajju Davawaia, Anal Patel, Dhara Vaghela y Purvi Patel. Ágiles y ligeros, complemento de lo femenino, los bailarines fueron Rahul Shah, Digvijay Padhiar, Harshit Patel, Vishal Patel.
Danzas que cuentan historias divinas, hombres y mujeres al servicio de la tradición, la India el país que nos compartió su riqueza cultural la noche de octubre que guarda como memoria el encuentro de dos mundos, la confusión de un hombre y la razón de que los mexicanos hayamos sido llamados indios. Curioso, parece coincidencia, pero desde un punto menos racional podríamos decir que fue un ciclo cumplido.
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miércoles, 11 de octubre de 2006
SIN TRADUCTORES
León, Guanajuato 11 octubre de 2006
Los oídos cenaron un banquete de cuatro tiempos denominado Tríptico de Cámara Programa 1, la noche del 9 de octubre en el Teatro María Grever. El platillo principal fue la conmoción aderezada con entrega y técnica impecable.
El primer tiempo fue un Cuarteto para cuerdas en Fa mayor de Maurice Ravel. El segundo fue Disco-toccata para violonchelo y clarinete de Guillaume Connesson. El tercero fue Sonata para clarinete y piano de Francis Poulenc. El postre fue Concierto para piano, violín y cuarteto de cuerdas en Re mayor de Ernest Chausson. Los anfitriones fueron Frédéric Aurier, violín; Pierre Bleuze, violín; Patrick Oriol, viola; Guillaume Lafeville, violonchelo; Julien Dieudegard, violín; Romain Descharmes, piano y Olivier Patey, clarinete.
El negro riguroso para cenas como esta fue imperceptible a los ojos, permitiendo que colores, texturas, recuerdos y fantasías viajaran libremente bailando por el aire al compás de las notas ejecutadas. Pasamos de lo alegre a lo triste, lo suave, lo vivo, de la calma al entusiasmo, lo serio, el lamento, la melancolía, la tensión, el suspenso, la esperanza. No fueron necesarios elementos externos al discurso de la melodía para despertarnos los sentidos. Las piezas crearon atmósferas donde el movimiento de los instrumentos dibujó líneas que seguimos hasta perdernos en cuadros vívidos, en impresiones, en viajes sonoros. La música interpretada fue compuesta en la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX inspirada en la búsqueda del músico César Franck por un arte musical auténticamente francés.
¿Qué misterios se narran nuestros oídos entre épocas? ¿qué se dicen entre los nuestros que hoy escuchan una obra nítida y en vivo y los de quien la compuso años atrás? ¿Cómo agradecerles a quienes sin saberlo nos regalaron poemas, filosofía, paradigmas en sus obras? Tal vez disfrutándolos y manteniéndolos en nuestra cultura como narradores del acontecer humano. Franceses y mexicanos se comunicaron sin necesidad de traductores. La música fue su puente, su código de acceso a la sensibilidad humana instantánea, presente, verídica e inherente a la vida.
Hagamos más música y menos ruido. Clarinete y violonchelo, clarinete y piano; viento y cuerdas, diferencia dialogando para crear, no intercambiando posturas inamovibles. Seamos más concierto, menos solos a destiempo, arrítmicos y ajenos a las necesidades del otro.
Los oídos cenaron un banquete de cuatro tiempos denominado Tríptico de Cámara Programa 1, la noche del 9 de octubre en el Teatro María Grever. El platillo principal fue la conmoción aderezada con entrega y técnica impecable.
El primer tiempo fue un Cuarteto para cuerdas en Fa mayor de Maurice Ravel. El segundo fue Disco-toccata para violonchelo y clarinete de Guillaume Connesson. El tercero fue Sonata para clarinete y piano de Francis Poulenc. El postre fue Concierto para piano, violín y cuarteto de cuerdas en Re mayor de Ernest Chausson. Los anfitriones fueron Frédéric Aurier, violín; Pierre Bleuze, violín; Patrick Oriol, viola; Guillaume Lafeville, violonchelo; Julien Dieudegard, violín; Romain Descharmes, piano y Olivier Patey, clarinete.
El negro riguroso para cenas como esta fue imperceptible a los ojos, permitiendo que colores, texturas, recuerdos y fantasías viajaran libremente bailando por el aire al compás de las notas ejecutadas. Pasamos de lo alegre a lo triste, lo suave, lo vivo, de la calma al entusiasmo, lo serio, el lamento, la melancolía, la tensión, el suspenso, la esperanza. No fueron necesarios elementos externos al discurso de la melodía para despertarnos los sentidos. Las piezas crearon atmósferas donde el movimiento de los instrumentos dibujó líneas que seguimos hasta perdernos en cuadros vívidos, en impresiones, en viajes sonoros. La música interpretada fue compuesta en la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX inspirada en la búsqueda del músico César Franck por un arte musical auténticamente francés.
¿Qué misterios se narran nuestros oídos entre épocas? ¿qué se dicen entre los nuestros que hoy escuchan una obra nítida y en vivo y los de quien la compuso años atrás? ¿Cómo agradecerles a quienes sin saberlo nos regalaron poemas, filosofía, paradigmas en sus obras? Tal vez disfrutándolos y manteniéndolos en nuestra cultura como narradores del acontecer humano. Franceses y mexicanos se comunicaron sin necesidad de traductores. La música fue su puente, su código de acceso a la sensibilidad humana instantánea, presente, verídica e inherente a la vida.
Hagamos más música y menos ruido. Clarinete y violonchelo, clarinete y piano; viento y cuerdas, diferencia dialogando para crear, no intercambiando posturas inamovibles. Seamos más concierto, menos solos a destiempo, arrítmicos y ajenos a las necesidades del otro.
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NO MÁS TIEMPO
León, Guanajuato 11 octubre de 2006
“Ya no habrá más tiempo” declaró un ángel, un metrónomo fue detenido. Dieciséis bailarines, cuatro músicos, cuatro instrumentos, violín, clarinete, violonchelo y piano, nos recordaron la noche del viernes 7 en el Teatro María Grever, que lo único que une igualitariamente a todos los seres humanos es el cuerpo.
La obra “Un cuarteto para el fin del tiempo” del compositor francés Olivier Messiaen estrenada en enero de 1941 en un campo de concentración, vivió una relectura y una interpretación dancística por parte de los integrantes de El colegio del Cuerpo bajo la dirección artística de Álvaro Restrepo, surgiendo así “Cuarteto para el fin del cuerpo”.
El tiempo se nos acabó hace mucho, todos vivimos de prisa y ver en escena uniformes que recrean aquellos de los campos de concentración nos ponen a pensar en esas personas para quienes la único urgente era conseguir la siguiente bocanada de aire y vivir. El cuerpo era su única posesión. Hoy olvidamos lo corpóreo en lo virtual, en desórdenes alimenticios y tratamientos que lo único que buscan es eliminarlo, negar su tiempo, su ritmo, su estar. Cuerpos pesados, fuertes, ágiles, con intención, rítmicos y presentes mostraron la belleza de lo humano, la franqueza del cuerpo al expresarse y redimensionaron la responsabilidad del hombre en su propio devenir.
Fechas fluorescentes en las espaldas de los bailarines refrescaron nuestros antecedentes históricos, 1492, 1789, 1514, 11/9, 1968, 1936, 1945, nos demostraron lo cíclico de la vida, lo efímero del cuerpo. El símbolo de lo rítmico y rutinario del tiempo fue una capa con tela dorada y negra y un compás que los bailarines fueron pasándose después de cada vuelta al circuito cuadrado marcado en el escenario. Cada uno tenía un baile diferente, como cada época es distinta entre sí, pero la esencia que comparten es la misma, tiempo y cuerpos.
Aunque las coreografías tenían como pre-textos los títulos de los movimientos de la obra de Messiaen, era innegable que había otros referentes aparte del Apocalipsis de San Juan. Los dados nos llevaron a pensar en la frase de Einstein “Dios no juega a los dados”, así como no había nada azaroso en la danza, tampoco hay nada azaroso en el tiempo, los ciclos se cumplen. Otro imagen nos la dio el compás, nos transportó al cuadro de Willian Blake sobre Newton. Un hombre sentado sobre una roca traza un círculo con un compás. Nuevamente un cuerpo decide metódicamente el orden, el paso siguiente. Tanto Einstein, como Newton y Blake creían en un Dios que diseñó el mundo a través de principios racionales y que permite al hombre alcanzar sus propios objetivos, por ende cometer sus propios errores, como la violencia. En este paradigma, el cosmos es un gran reloj, representación hecha por los bailarines en círculo con uno al centro manejando el compás como manecillas y lo que simulaba arena cayendo sobre él.
Crecer a partir del conocimiento es la herramienta del hombre; su expresión más verdadera, el cuerpo; el mejor intérprete de éste, el artista. Re-enfoquemos el cuerpo, texturicemos la música y escribamos la danza. El disfrutar de entregas totales en un escenario como anoche es un ejercicio de placer e interpretación.
“Ya no habrá más tiempo” declaró un ángel, un metrónomo fue detenido. Dieciséis bailarines, cuatro músicos, cuatro instrumentos, violín, clarinete, violonchelo y piano, nos recordaron la noche del viernes 7 en el Teatro María Grever, que lo único que une igualitariamente a todos los seres humanos es el cuerpo.
La obra “Un cuarteto para el fin del tiempo” del compositor francés Olivier Messiaen estrenada en enero de 1941 en un campo de concentración, vivió una relectura y una interpretación dancística por parte de los integrantes de El colegio del Cuerpo bajo la dirección artística de Álvaro Restrepo, surgiendo así “Cuarteto para el fin del cuerpo”.
El tiempo se nos acabó hace mucho, todos vivimos de prisa y ver en escena uniformes que recrean aquellos de los campos de concentración nos ponen a pensar en esas personas para quienes la único urgente era conseguir la siguiente bocanada de aire y vivir. El cuerpo era su única posesión. Hoy olvidamos lo corpóreo en lo virtual, en desórdenes alimenticios y tratamientos que lo único que buscan es eliminarlo, negar su tiempo, su ritmo, su estar. Cuerpos pesados, fuertes, ágiles, con intención, rítmicos y presentes mostraron la belleza de lo humano, la franqueza del cuerpo al expresarse y redimensionaron la responsabilidad del hombre en su propio devenir.
Fechas fluorescentes en las espaldas de los bailarines refrescaron nuestros antecedentes históricos, 1492, 1789, 1514, 11/9, 1968, 1936, 1945, nos demostraron lo cíclico de la vida, lo efímero del cuerpo. El símbolo de lo rítmico y rutinario del tiempo fue una capa con tela dorada y negra y un compás que los bailarines fueron pasándose después de cada vuelta al circuito cuadrado marcado en el escenario. Cada uno tenía un baile diferente, como cada época es distinta entre sí, pero la esencia que comparten es la misma, tiempo y cuerpos.
Aunque las coreografías tenían como pre-textos los títulos de los movimientos de la obra de Messiaen, era innegable que había otros referentes aparte del Apocalipsis de San Juan. Los dados nos llevaron a pensar en la frase de Einstein “Dios no juega a los dados”, así como no había nada azaroso en la danza, tampoco hay nada azaroso en el tiempo, los ciclos se cumplen. Otro imagen nos la dio el compás, nos transportó al cuadro de Willian Blake sobre Newton. Un hombre sentado sobre una roca traza un círculo con un compás. Nuevamente un cuerpo decide metódicamente el orden, el paso siguiente. Tanto Einstein, como Newton y Blake creían en un Dios que diseñó el mundo a través de principios racionales y que permite al hombre alcanzar sus propios objetivos, por ende cometer sus propios errores, como la violencia. En este paradigma, el cosmos es un gran reloj, representación hecha por los bailarines en círculo con uno al centro manejando el compás como manecillas y lo que simulaba arena cayendo sobre él.
Crecer a partir del conocimiento es la herramienta del hombre; su expresión más verdadera, el cuerpo; el mejor intérprete de éste, el artista. Re-enfoquemos el cuerpo, texturicemos la música y escribamos la danza. El disfrutar de entregas totales en un escenario como anoche es un ejercicio de placer e interpretación.
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